Desvelar los propios trucos de belleza supone, inevitablemente, caer en algunos tópicos. Aún así, me encanta la idea de compartir estos secretos. Es gratificante.
La primera regla de oro es estar en buenas manos. Afortunadamente, yo, después de muchos años dando tumbos en busca de ‘mi guía’, he encontrado a una gran aliada: Cruz. Y es que cada persona es un mundo, por eso es fundamental dejarse aconsejar por un profesional que conozca tus características, tus carencias, tus deseos… En definitiva, que te dé consejos acertados y aplique tratamientos personalizados. Solo así la inversión de tiempo y dinero que supone acudir a un centro de estética es rentable y eficaz. Por no hablar del alivio que es encontrar a ese profesional que no juega con tus expectativas y anhelos y que es capaz de construir contigo una fuerte confianza. En mi caso, insisto, tengo la suerte de haber topado con ella. Ahora es como mi ‘coach’ particular.
Dicho esto, entremos en materia. Seguro que muchas de vosotras también padecéis la maldita retención de líquidos. Nos sentimos hinchadas (sobre todo en la zona del vientre) y sufrimos esas antiésticas bolsas en los ojos, que tanto afean, envejecen y entristecen la mirada. Pues bien, aparte de las consabidas bolsas de té frías, rodajas de pepino o patata sobre los ojos, y otros remedios caseros, yo os recomiendo el drenaje linfático. Como por arte de magia (bueno, la magia está en las manos de Lili), todo parece que vuelva a su sitio. El organismo se pone en marcha y desecha impurezas para que todo fluya como tiene que hacerlo. Esta técnica y, por supuesto, un buen descanso, pueden obrar el milagro.
¿Mantener el tipo? Pues sí, otro de los caballos de batalla de cualquier mujer. A la mayoría no nos resulta nada fácil y, después de probar miles de historias, he llegado a la conclusión de que la única fórmula es la constancia. Constancia a la hora de llevar una dieta equilibrada (adaptada a las características y gustos de cada persona). Constancia a la hora de hacer ejercicio (en mi caso, step y spinning cuatro veces a la semana, además de algún paseo que otro a pie y en bici el fin de semana...). Constancia en la aplicación de cremas específicas y tratamientos prescritos por un profesional…El esfuerzo, que no es tanto si pasa a ser parte de tu rutina, merece la pena y combinando la fórmula adaptada, seguro que alcanzamos nuestras metas!!!
Eso sin olvidar truquitos que he aprendido recientemente, como evitar que la ropa interior marque demasiado (con el tiempo, producen mollitas muy poco agradables, tanto en la espalda como en la cintura-cadera) o cuidar mucho la forma de las cejas. Son pequeños detalles, sí, pero marcan la diferencia.
En cuanto a la piel del rostro –y termino ya—(aunque estaría llenando folios y folios sin parar), para mí, hay dos reglas de oro (más que imprescindibles, yo diría que vitales): La limpieza y la fotoprotección.
La limpieza, por la noche y por la mañana, como si fuera una función fisiológica más, debe ser una operación minuciosa. Yo adoro todos los productos de Esthederm (sobre todo, el desmaquillante de ojos y la crema desincrustante). La verdad es que me los llevaría todos a casa, pero, como el presupuesto es ajustado, voy haciéndome con ellos poco a poco. Son una excelente inversión, porque, al ser concentrados, cunden y dan para mucho. Últimamente, comparto mi pasión por la línea White de Esthederm con los productos de Maria Galland, que son una autentica delicia y un regalo para la piel.
Con respecto a la fotoprotección, yo utilizo la pantalla total de Esthederm, porque tengo mucha tendencia a las manchas. De todos modos, si no fuera así, también la usaría. Fue un descubrimiento que agradezco enormemente. Leí el otro día que el sol es el causante del 75% del fotoenvejecimiento. De hecho, no hay más que mirarse la cara interna de los antebrazos. La piel de esta zona, donde apenas llega un rayo de sol, es mucho más tersa, limpia y suave que la piel de la cara o las manos (las zonas que más exponemos al sol). Por supuesto, también la genética, la alimentación y la polución del entorno son determinantes en la lucha contra el paso del tiempo, aunque siempre he pensado que una arruguita bien puesta resulta muy interesante.
En fin, aquí acabo, no sin recordar que la mejor forma de sentirse guapa es cuidarse (no sólo por imagen exterior, sino, sobre todo, por salud) y sentirse a gusto con el reflejo que devuelve el espejo, pensando que, aunque esto no sea siempre posible todos los días, mañana se verá mejor porque, sea como sea, dentro de ti hay una gran persona…
Merche R.
Fuentes: Cosecha propia.
